jueves, 9 de octubre de 2008

La fanaticada capitalina se entregó al ritual de Jaguares

‘Una historia así no puede terminar nada más así, con un adiós. Una historia así tiene que terminar con un sacrificio azteca, poniendo el corazón sobre el escenario y cantando desde lo más profundo de tu ser a quien tú quieres, a quien sueñas querer, y si no existe, hazla o hazlo existir por medio de la fuerza de tu corazón...”.

Tras la frase de Saúl Hernández, vocalista de Jaguares, el grito de las más de 4 000 personas que fueron el Ágora de la CCE anunciaba el final del concierto. Así, el público mostraba su agradecimiento al gran ritual que protagonizó la banda mexicana.

Con la sensibilidad alterada, la gente gritó junto a Jaguares los versos del tema Quisiera ser alcohol,

para cerrar así una noche plagada de emociones: “Si algún día me miras / abrazado de tu sombra / no me separes / déjame solo / sin movimiento / comouna lágrima / que corre por tu cuerpo / lamiéndote

toda la piel”. Una tras otra, las lágrimas no tardaron en aparecer en los rostros de varios seguidores

de Jaguares... Eran casi las 23:00 cuando el grupo dejó definitivamente el escenario, el jueves.

Fueron cerca de dos horas de algo más que un concierto. “Estamos en tu fiesta, en tu ceremonia

raza, en tu ritual”, dijo Hernández en una despedida fallida .

Pese a notorias fallas en el sonido, la del jueves fue una verdadera explosión musical y de historia.

Una historia que Jaguares recreó desde temas como Vida, Cuéntame tu vida, o Miedo. Con la euforia a flor de piel, el público recordó estos éxitos que surgieron desde 1988 y que se convirtieron en una leyenda musical: Caifanes.

Los adultos revivieron su adolescencia al escuchar de nuevo a Saúl Hernández cantar otro tema emblemático: Afuera. También al oír al vocalista decir que estaba seguro de que en la capital

la gente se daba seguido una vuelta al cielo. Así presentó Nubes, una canción que piensa que debería haberse creado en Quito.

También llegó a esa gente que disfrutó de pie el show al decir que “esta es una historia de amor que no ha terminado y que espero que no termine raza (refiéndose al público), por eso te dedico esta canción: Antes de que nos olviden / haremos historia / no andaremos de rodillas / el alma no tiene la culpa / antes de que nos olviden / rasgaremos paredes / y buscaremos restos / no importa si fue nuestra vida...”.

Los recuerdos se juntaron con el regreso de la banda, que lanzó hace poco ‘45’, el disco que recuerda los 45 millones de pobres en México. Entre tus jardines y Píntame fueron algunas novedades y sonaron con una invitación a actuar en la defensa de los derechos humanos: “No creemos en los partidos políticos, pero sí creemos en el movimiento civil”, dijo Saúl.

Escuchar su voz en vivo emocionó al público. Pero también lo hizo la destreza de los demás Jaguares.

Solos estremecedores de la guitarra de ‘Vampiro’, descargas fulminantes de la batería de Alfonso André (quien cantó Miércoles de ceniza) y el avasallador sonido del bajo de Marco Rentería fueron la base del show.

Fue un compendio de temas esperados como Dime Jaguar, Arriésgate, Nunca te doblarás o Como tú del repertorio de Jaguares, y el necesario vistazo al pasado que llegó tras el grito de otra con La célula que explota, La negra Tomasa y No dejes que...

Tras Quisiera ser alcohol, el público salió aún con la euforia en la piel. “Conciertazo” era la palabra que se repetía en la calle... Y el agosto de los vendedores de CD piratas volvió a reinar afuera del Ágora... como siempre.


Fuente: http://www.elcomercio.com

No hay comentarios: